lunes, 25 de julio de 2011

Relaciones interpersonales. Inteligencia y gestión emocional en el aula.

 
“Aquí y Ahora”

Chirinos, Eneida.

Relaciones interpersonales. Inteligencia y  gestión emocional en el aula.

La escuela ha sido definida tradicionalmente como la institución social, responsable de la formación que requiere las jóvenes generaciones para su integración en el contexto social que habitan, de ahí la necesidad de la gestión emocional y las relaciones interpersonales en el aula, en el contexto institucional. Es evidente que el docente, para actuar con inteligencia emocional y poder realizar gestión afectiva, debe, en primer lugar, controlar las emociones propias ante situaciones de cambios o crisis, conocer a los demás y su estructura emocional para tener la capacidad de relacionarse con el exterior. Se trata, en definitiva, de “establecer un liderazgo emocional y conseguir formar grupos emocionalmente inteligentes”. En este plano son fundamentales conceptos como la confianza mutua, la identidad de grupo y el sentido de la eficacia. Resulta indudable reconocer que la inteligencia emocional no ha llegado aun al mundo de los docentes.
Evidentemente, la inteligencia emocional, a menudo negada y desdeñada, opacada por el brillo de la razón y el coeficiente intelectual, más fácil de definir y medir, viene a ser una destreza que permite conocer y manejar nuestros propios sentimientos, interpretar o enfrentar los sentimientos de los demás, sentirse satisfechos y ser eficaces en la vida a la vez que crear hábitos mentales que favorezcan nuestra propia productividad.
En tal sentido, Escontrela y Saneugenio (1992), al referirse al carácter ético de la educación, lo conciben como “un proceso dialéctico en el cual el significado y la significación de las estructuras son reconstruidas en un proceso de concienciación históricamente condicionada por los individuos” (p.70). Así la inteligencia emocional, en una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, y la agilidad mental. Las mismas configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la comprensión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social.
Por consiguiente, aprovechar la inteligencia emocional, no implica estar siempre contentos o evitar las perturbaciones, sino mantener el equilibrio: saber atravesar los malos momentos que nos depara la vida, reconocer y aceptar los propios sentimientos y salir airoso de esas situaciones sin dañarse ni dañar a los demás. La difusión de este “alfabetismo emocional”, pocas veces valorado en su justa medida, haría del mundo (y por ende de las organizaciones) un lugar más agradable, menos agresivo y más estimulante. No se trata de borrar las pasiones, sino de administrarlas con inteligencia.
Precisando, el manejo de relaciones interpersonales se presenta en dos ámbitos: El primero es el de las relaciones esporádicas y el segundo es el de las relaciones en el tiempo. Tanto en uno como en otro, los intercambios de cortesía, información sobre hechos, pensamientos, ideas, sentimientos y deseos, deben armonizarse con el grado de sintonía de los dos interlocutores, estableciéndose claramente las fronteras de cada estadio de la intimidad. Dentro de este marco de relaciones interpersonales algunas pautas deben tenerse en cuenta: separar las personas de los temas, enfocar en intereses y no en posiciones, establecimiento de metas precisas de la negociación y trabajar juntos y en armonía para crear y/o generar opciones que favorezcan ambas partes.
La inteligencia al servicio de las emociones predispone, en las relaciones interpersonales la dosificación de la proporción de la emotividad y racionalidad, la cual debe graduarse cuidadosamente en cada etapa de la relación, y el énfasis en las clásicas salidas de lucha-huida debe elegirse según la naturaleza del marco, el poder del oponente y la importancia de la meta. Las personas, generalmente son más emotivas que racionales y, por tanto, la empatía, paciencia creativa y claridad mental son dimensiones que ayudan a sacar el máximo partido de la habilidad para gestionar la inteligencia emocional.
Profundizando en este aspecto Ryback (1998), sostiene que puede establecerse una relación complementaria entre las emociones y la autogestión y que “están vinculadas inseparablemente entre sí, dado a que es la apertura emocionalmente inteligente la que manifiesta los talentos más profundas y la integridad interior de todos los individuos que permite un trabajo de equipo efectivo y autogestionado” (p.98)
En fin de lo que se trata es de construir en la dinámica de las experiencias de los docentes y alumnos, en el ámbito institucional de educación básica, relaciones interpersonales de confianza, comunicaciones efectivas y asertivas conducente a elevar los índices de productividad de las intenciones pedagógicas, así como también a desarrollar una mayor conciencia de sí mismos, controlar las emociones que provocan el estrés y la frustración, agudizando la comprensión profunda de los propios sentimientos y del modo en que afectan a los demás, generando capacidad de mediar y minimizar los conflictos, gestionando emocionalmente en el aula, en equipos de trabajo para la convivencia, la tolerancia, la responsabilidad e iniciativa para alcanzar las metas y aspiraciones colectivas, por encima de las necesidades y proyecciones individuales.



Referencias Bibliográficas:

Ryback, D. (1998). E.Q. Trabaje con su inteligencia emocional. Los factores emocionales al servicio de la gestión empresarial. España: Ibérica Grafic. S.I.
Escontrela, R y Saneugenio, A (1992). La formación del profesor, modelos y tendencias: El modelo crítico-reflexivo. Revista de Pedagogía, XIII: 29.




Chirinos Arcaya, Eneida C. Dirección electrónica. Jemyrsch@hot mail.com Licenciado en Educación Integral. Mención Ciencias Sociales. Universidad Nacional Abierta (1992). Licenciado en Educación Integral. Mención: Lengua. Universidad Nacional Abierta (1994). Magíster en Gerencia. Mención: Gestión Educativa. Universidad Bicentenaria de Aragua. (1999). Doctora en Ciencias de la Educación. Universidad Santa María (2005), Actualmente se desempeña como Docente de Aula en la Escuela Básica “Juan Guillermo Iribarren” del Municipio Araure en el Estado Portuguesa. Autora de publicaciones en la Revista CANDIDUS; y en las Columnas “Aquí y Ahora” y ¡Ponte las pilas! ¿Preguntas? ... y Respuestas en el Diario Ultima Hora.


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